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Títulos que delatan la filosofía existencial de un pintor que se compromete con el mundo y con su mirada escrutadora en cada obra, para decir no a la guerra, al abandono, a la búsqueda de algo, para delatar sus discrepancias y elevar su voz frente a los problemas que son de todos o para retratar a una simple campesina de Leis o imaginar a Muxía y al Cabo Vilán como metonimias explícitas de la búsqueda y de los sueños o del lugar que necesita encontrar. Y Detlef Kappeler lo hace desde la recurrencia del propio grito que genera la pintura como lenguaje visceral, ubicándose en un posformalismo abstracto, que tanto vigor ha vuelto a encontrar, después de los años noventa del siglo pasado, en la generación de los Lasker, Winter, Frize, Bleckner, entre más, y que, enfrentándose al discurso kantiano de Clement Greenberg, que negaba la capacidad de contar de la abstracción, reconsideran las posibiliaddes de ésta para implicarse en el mundo. Al que Kappeler exprime al máximo en su Costa da Morte, tal como lo ha venido haciendo los últimos cuarenta años. La vena cálida de la gestualidad expresionista de su acción abstracta oculta y delata a la vez historias que llevan el esfuerzo corporal de la pintura a un más allá, explicitan –y en eso tenía razón Greenberg- el cuadro como una entidad que pertenece al propio cuerpo, como experiencia física que clama en la explosión sígnica de la acción cromática, barroca unas veces, liberando el espacio otras, a fin de alcanzar la armonía precisa. Así el drama de la negra sombra rosaliana describe a Muxía como un poema caligráfico, casi zen, aunque en otras ocasiones respiramos el humo denso y recibimos la resaca de las olas o somos abrasados por el fuego en la calidez de los rojos y amarillos. Lo gestual convulsiona el espacio y convierte la superficie simbólica de cada uno de los paisajes-territorio en un torbellino de fuerza interior: es la secreción del alma que vomita, desde las pinceladas o desde las líneas sutiles del vacío, la esencia de un significado que debemos desvelar detrás de la pintura y de su magma crepuscular.
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